Sáb. Jul 4th, 2020

El mejor partido de fútbol de la historia

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El colegiado escocés Mowatt miró su reloj y señaló el final del partido ante la algarabía del público, que llenaba las gradas del Hampden Park escocés: 135.000 enfervorizados seguidores que no daban crédito a la exhibición de juego y goles que habían precedido a la quinta conquista de la Copa de Europa por parte del Real Madrid.

Vosotros habéis realizado la hazaña de conquistar cuatro veces la Copa de Europa. Si esta noche conseguís la quinta. habréis cerrado la etapa más brillante del Real Madrid

Santiago Bernabéu

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Programa y entrada de la final.

La santiaguina de Bernabéu antecedente al partido surtió efecto: “Vosotros habéis realizado la hazaña de conquistar cuatro veces la Copa de Europa. Si esta noche conseguís la quinta. habréis cerrado la etapa más brillante del Real Madrid”. Con esa idea saltaron los madridistas: ser pentacampeones, un pensamiento que sonaba con rotundidad e insistencia, a pesar de la mala temporada liguera realizada.

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El equipo que ganó la Copa. De pie: Domínguez, Marquitos, Santamaría, Pachín, Vidal y Zárraga. Agachados: Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento.

Comenzó el partido con dominio de los alemanes, que gracias a un mayor nivel físico se fueron imponiendo en el terreno de juego. Así llegó el primer tanto, obra de Kress a los diez minutos de juego, tras un pase de Lindner. El gol trajo como consecuencia que el Real Madrid se despertase y, a pesar de la complicación de ir detrás en el marcador, la conexión Puskas-Di Stéfano, que daba sus primeros síntomas de carburación, se notó rápidamente: el juego cerebral y milimétrico del segundo se compenetraba con los inteligentes movimientos del húngaro. Instigados por las dos estrellas, el Madrid comenzó a funcionar.

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El once del Eintracht que jugó la final. En la fila superior figuran Lindner, Lutz, Höfer, Stein, Pfaff y Meier. Agachados, Kress, Weilbächer, Loy, Stinka y Eigenbrodt. En Hampden Park, jugaron y dejaron jugar.

Pachín, hasta entonces más pendiente de su delantero que del juego, se asentó junto con Santamaría, infranqueable durante toda la tarde, y Marquitos. Vidal, gran labor oscura y sorda la que desarrolló tapando y frenando a Pfaff, una de las estrellas alemanas y Zárraga dinamizaron el juego. Sólo faltaba que llegase el tanto del empate para que todo volviese al principio, y éste llegó tras una acción afortunada: Di Stéfano se lanzó a rematar un centro de Canario que parecía salir fuera. Apenas tres minutos después, Di Stéfano, preciso como un reloj, estaba en el momento y lugar adecuados para darle la vuelta al encuentro.

El Real Madrid, adaptado a las medidas del gigantesco estadio y a toda marcha, aprovechaba sus virtudes ante un Eintracht. que poco a poco se iba desinflando. Las oleadas madridistas desarbolaban una y otra vez el entramado alemán. Ni siquiera tras el descanso cuando el técnico alemán, Oswald, dio instrucciones para frenar a Di Stéfano, tuvo un minuto de descanso. Puskas tomó el relevo en la faceta anotadora de la estrella argentina. Cuatro goles de todos las maneras posibles —con la cabeza, de penalti, de fuerte zurdazo…— acabaron por arrasar a los once germanos. Cada gol era un mazazo, un golpe a la mandíbula, que acabaron por humillar a los alemanes. Tan sólo dos chispazos en medio de la vorágine madridista animaron el partido para los teutones que, impotentes, tuvieron que aguantar el cierre de la goleada a cargo de Di Stéfano.

Lo más duro para los teutones es que restaban quince minutos. Jugadas de ensueño, pases, centros, y una exhibición repleta de taconazos y otros adornos que arrancaron los olés de los madridistas desplazados y con un rival que no daba señales de vida y que aguardaba denodadamente el final del encuentro. Su osadía le salió cara en un primer momento, pero con el transcurso del tiempo, se fue transformando en cruz, para convertirse en una pesada losa.

Preguntado el presidente del Eintracht, Rudolf Gramlich, a la conclusión de la final, sus palabras albergaban un profundo respeto hacia el Real Madrid: “He de reconocer que la victoria del Madrid ha sido justa. Mis hombres lucharon con enorme tesón, pero tuvieron que doblegarse ante la calidad de los jugadores del Real Madrid, que son fuera de serie y por ello han hecho un gran encuentro, en el que ha ganado, sin ninguna duda, el mejor equipo que existe en Europa”.

Al día siguiente, tomó la palabra don Santiago Bernabéu, quien, serio y determinante, afirmó con contundencia: “Se ha limpiado con una esponja toda la amargura de una temporada”, para acabar con un simple, llano, directo y castizo “Muchas gracias”.


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Puskas es felicitado después de marcar el tercer gol de Real Madrid. El primero de los cuatro que consiguió.

Puskas, el mejor del partido

Marcar cuatro goles en una final de la Copa de Europa es una cosa que sólo está al alcance de los futbolistas más grandes. Ferenc Puskas no sólo hizo esa gesta sino que, junto a Alfredo Di Stéfano, autor de los otros tres tantos restantes, fue el protagonista principal de la mejor final de fútbol de todos los tiempos. Entre ambos se encargaron de remontar los goles alemanes y se encargaron de conseguir una nueva Copa de Europa.

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Domínguez tuvo una actuación magnífica.

Notable actuación del meta Domínguez

A pesar de haber encajado tres goles, la actuación de Rogelio Domínguez fue colosal. Supo frenar las acometidas alemanas cuando ya iban 1-0 y fue el primer delantero de su equipo.

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El Eintracht se adelantó en el marcador con este gol.

Hubo que remontar

Un fallo de la banda derecha permitió que Lindner, que rozaba el fuera de juego, recibiese un pase. Avanzó por la línea de gol, perseguido por Pachín, y centró para que rematara Kress, también libre de marca, en boca de gol. Era el 0-1 que complicaba el partido. Sin dejar de atacar, el Real Madrid empataría un cuarto de hora más tarde a través de Di Stéfano, que se aprovechó de un pase de Canario.

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Los jugadores del Madrid presentan a la afición las cinco Copas de Europa ganadas de forma consecutiva desde unos de los balcones del ayuntamiento de Madrid.

Reinando en Europa durante cinco años

Con la llegada de la quinta Copa de Europa, el Real Madrid batía todos los registros. Había disputado un total de 37 encuentros, de los que ganó 27, empató cuatro y sólo perdió seis. El héroe de aquel Real Madrid legendario tiene nombre y apellidos: Alfredo Di Stéfano. Con 40 goles en ese lustro de esplendor y gloria coronó al Real Madrid. Héctor Rial, con 14 goles, Ferenc Puskas, que llegó en 1958 al conjunto madridista, con otros 10, y Gento, con 9, contribuyeron a alimentar y engrandecer el historial blanco. Además, la delantera mágica madridista dejó patente su calidad: 112 goles marcados por tan sólo 42 recibidos.

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extraordinario recibimiento al regreso de Escocia

Cuando José María Zárraga, capitán madridista, alzó la Copa a los pies de la escalerilla del avión, hubo una gran explosión de júbilo. Todo el mundo estaba esperando ese momento tras el partidazo jugado en Escocia. A la izquierda, Zárraga sostiene el nuevo título europeo. Un poco más retrasados, bajan Di Stéfano, Santamaría y Domínguez. Al fondo se ve a Marquitos vestido con el típico traje escocés.


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La revista ‘World Soccer’ en diciembre de 1999 dedicó dos páginas al partido denominándole como “El mejor partido de todos”.

Considerada la mejor final de la historia

La hazaña del Real Madrid no pasó inadvertida para la prensa del resto del mundo, que tomó buena nota del poderío ofensivo y del grandioso espectáculo que brindó el equipo madrileño en el césped del Hampden Park de la ciudad de Glasgow. Los hombres de Miguel Muñoz, aparte de conseguir un hito hasta la fecha irrepetible, fueron inmortalizados por el esfuerzo y encomiable labor a lo largo de los noventa minutos de juego. El canal público inglés de televisión, la BBC, ha emitido durante muchos años el encuentro en su programación navideña para deleite de su audencia. La revista ‘World Soccer’ en diciembre de 1999 dedicó dos páginas al partido denominándole como “El mejor partido de todos”.opa”.



Fuente: As.com